sábado, 11 de febrero de 2017

Educación Social en los centros educativos: necesidad latente

Han sido numerosos los indicadores que me demuestran día a día la necesidad de incorporar en el centro educativo a un profesional de la educación social. Y no porque yo lo sea, esté en búsqueda activa de empleo, y quiera trabajar. Sino es porque estoy concienciada en las situaciones problemáticas que giran en torno a la enseñanza. Hace un instante he leído un artículo, recién publicado esta mañana (¡qué casualidad!), y comentado ya que me ha surgido la necesidad de aportar mis conocimientos y propuestas para que esta situación mejore. 

El artículo se titula: "durmiendo sobre el pupitre" escrito por Miguel Ángel Santos Guerra. Se trata de una historia real de adolescentes que no muestran interés por las clases y que se duermen en el pupitre, así literalmente. Y lo más enriquecedor para mí ha sido el leer un comentario de un adolescente de 15 años, o eso ponía ya que a mí también me ha dado la impresión de que la persona que lo ha escrito tenía más edad. En fin, mi comentario al respecto ha sido el siguiente:

"Hola:

Mi nombre es María. Tras leer este interesante artículo y, después, pararme a leer éste comentario tan rico en contenido, ha surgido en mí la necesidad de comentar. Son tantos los aspectos importantes que se han comentado que no sé muy bien por donde empezar a aportar mi visión. Sobre todo lo que sí veo, que engloba a todo este problema, son a adolescentes que no se sienten atraídos por el sistema educativo actual. Lo que debemos de añadirle que la situación económica y social de España tampoco es que favorezca mucho a la motivación y al optimismo de estas futuras personas adultas. Con la falta de atención a las clases que muestra el gesto concreto de Jose Antonio y, en general, el que has comentado Miguel Ángel en el artículo me ha hecho mucho en qué pensar. Recuerdo que durante mi trayectoria por la ESO sí que he tenido compañeros y compañeras que han decidido dormir en clase y que, incluso, algunos profesores se lo han permitido. ¡Y no era una clase de relación! Y tras muchos años, por lo que veo, aún sigue sucediendo. Es triste para mí, que, supuestamente después de la creación de una nueva ley en educación se siga repitiendo. Ley que estoy totalmente en desacuerdo en ella por muchos motivos. Pero ese sería otro tema de discusión.

Como Educadora Social sí que creo que la incorporación de un educador o educadora social en un centro educativo sería muy positivo para el centro. Es decir, favorecería a la convivencia escolar y todas las relaciones interpersonales que se producen dentro de un centro educativo. Además, de que los adolescentes tendrían una figura profesional donde apoyarse, buscar respaldo y ayuda ante situaciones que no se encuentran cómodas con ellas. Lo que también he vivido han sido situaciones de compañeros y compañeras que dentro del propio centro no han encontrado respaldo profesional en situaciones que no tenían nada que ver con las asignaturas propias que se dan en el instituto. Considero que se nos escapa la concepción de que cualquier centro educativo no es solo un lugar dónde los niños y niñas acuden de forma obligatoria (hasta cierta edad) para aprender. Además, es una comunidad de convivencia dónde es normal que sucedan problemas pero les buscamos solución en la misma comunidad educativa. Generar empatía entre los adolescentes, el que se interesen por temas, en que tengan aspiraciones en la vida… Seguro que Jose Antonio (y otros que están en esa misma situación) tienen sueños, aspiraciones…. Y yo me pregunto: ¿algún profesional del centro se habrá interesado por ellos? ¿habrá mostrado interés por esa misma persona? ¿por conocer a la persona que está educando? Lo dejo para reflexionar…
Para terminar quiero aportar que no se nos tiene que olvidar que para enseñar a los demás, tenemos que también conocerlos y aprender de ellos y con ellos. En general, acercarnos a ellos, y no obviar estas situaciones. Algo tan sencillo y básico que pocas veces he visto hacerlo durante mi experiencia como alumna en mi enseñanza obligatoria.
Gracias pro escribir este artículo.
Saludos, María."

Considero que el Educador y la Educadora Social son profesionales adecuados para la contribución de un buen clima profesional. Lo diré, y lo repetiré hasta la saciedad y hasta que se haga realidad. 
Existen diversos artículos que podemos encontrar on-line que también defienden la educación social que forma parte del centro educativo. Sin embargo, quiero resaltar tres de las seis funciones de esta profesión son:

- Generación de redes sociales, contextos, procesos y recursos educativos  y sociales
- Mediación social, cultural y educativa
- Conocimientos, análisis e investigación de los contextos sociales y educativos

¿Y no creéis que estas funciones son apropiadas para que el educador y la educadora social entren a formar parte de un centro educativo?

Entre el resto de mis publicaciones anteriores, manifesté que unas de tantas aportaciones que éste podría hacer es el crear un clima de convivencia adecuado para el desarrollo de la clase. 

Mi opinión es que una persona no aprende ni crece como persona, valga la redundancia, si lo hace en un contexto dónde siente que no forma parte de él. 
El proceso de aprendizaje se debe de adaptar a la persona, no la persona a un proceso que no puede seguir el ritmo. Cada persona tenemos unas aspiraciones y un ritmo distinto de aprendizaje. No nos olvidemos de ello. 


"Enseñar no es solo una forma de ganarse la vida; es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros". 
Miguel Ángel Santos Guerra

EdusaMotiva.